Las tortugas, víctimas del calentamiento global en Costa Rica



El desarrollo turístico, junto con las temperaturas más cálidas y el crecimiento de los mares vinculados al calentamiento global, han disminuido enormemente la población de tortugas del Pacífico. En concreto, la evidencia es palpable en las turísticas playas de Costa Rica, que atraen a miles de turistas para ver a la tortuga laúd (Dermochelys coriacea).

Este tipo de tortuga es la mayor del mundo, pudiendo alcanzar una longitud de 2 metros y un peso de más de 600 kilos. Las playas que antaño servían de reclamo turístico para avistar este tipo de tortugas, ya no lo son más, como admiten los trabajadores de la zona ante la evidencia de que el número de las mismas ha decrecido enormemente.

¿Por qué? Ya antes de que los científicos tuvieran evidencia del alza de temperaturas registrada la última década, las tortugas marinas se veían amenazados por el desarrollo del turismo de playa, la pesca con redes de arrastre y el aprecio gastronómico que los costarricenses demuestran para comer huevos de tortuga. Pero ahora parece que el cambio climático puede asestar el golpe definitivo a este animal que ha habitado en el Pacífico por 150 millones de años.

Y es que las tortugas marinas son sensibles a diferentes efectos del calentamiento global. Para empezar, se alimentan en los arrecifes, que están muriendo en los mares que cada día se vuelven más cálidos y ácidos. Por otro lado, ponen sus huevos en las playas que están siendo inundadas por crecimiento de los mares y por tormentas cada vez más frecuentes y violentas.

Y, para acabar, el género sexual de las tortugas no está determinado por los genes, sino por la temperatura del huevo durante su desarrollo. Así es que pequeños aumentos en las temperaturas pueden provocar que todas las crías sean mujeres, lo cual, como es obvio, es un serio problema para la supervivencia de la especie.

Así que ya hay quien se ha puesto manos a la obra para solucionar el desaguisado ambiental: en algunas playas de anidación, los científicos están refrigerando de forma artificial los nidos con sombra o gracias al riego. Paralelamente, tratan de proteger áreas costeras más amplias para asegurar que las tortugas tienen un lugar para anidar. Y en lugares como Playa Junquillal, los jóvenes locales se ganan 2 dólares por noche por recoger los huevos recién puestos y trasladarlos a una incubadora en los que los someten a las temperaturos óptimas para lograr poblaciones uniformes de machos y hembras.

La tortuga laúd está considerada en peligro crítico a nivel mundial. Las poblaciones están amenazadas, especialmente en el Pacífico, donde se estima que quedan solamente entre 2.000 y 3.000 ejemplares, frente a alrededor de 90.000 que había hace dos décadas.

Fuente: The New York Times
Fotografía: Paul Mannix
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